Translate

viernes, 15 de marzo de 2013

LA LACRA DEL NEGOCIO DEL ARMAMENTO


Cada minuto muere una persona como consecuencia de la violencia armada. Desde 1989, 131 conflictos han causado la muerte de al menos 250.000 personas al año. Siria, Mali o Sudán son ejemplos actuales de lugares en los que la población civil sigue sufriendo. Y detrás de cada muerte siempre hay un arma. Un arma que quizás no hubiera estado ahí si existiera una regulación para su comercio y distribución
Entre todas las víctimas, hay algunas que sufren un impacto desproporcioando. Son las niñas y las mujeres, que a menudo se ven afectadas en aspectos invisibles y de los que apenas se habla, como la violencia sexual. Extremadamente preocupante, también, es el uso de niños y niñas soldado en países en conflicto tanto por parte de fuerzas gubernamentales como de grupos armados.
 
EL PORQUE DE LAS GUERRAS
Las razones por las que existen las guerras o la violencia armada organizada son variadas. Entre las que podemos encontrar y comprender con mayor facilidad se encuentran las económicas. Es difícil demostrar que los empresarios que se benefician de la preparación y estallido de las guerras quieran que éstas ocurran. Sin embargo, no es descabellado pensar que algún empresario, codicioso y falto de escrúpulos, descorche una botella de champagne cuando sepa que se va a producir un enfrentamiento armado. Incluso puede que descorche dos si además se prevee una larga guerra. Esta alegría que le presuponemos a este empresario de la industria armamentística puede quizá además no haber sido consecuencia del azar. Toda empresa debe, según la teoría económica liberal, maximizar su beneficio a largo plazo.
 Para maximizar el beneficio económico una empresa de armas debe trabajar por mantener una demanda lo más alta posible en el corto y largo plazo de los productos que fabrica y comercializa. Para seguir vendiendo armas dentro de diez, veinte o treinta años, tendrá que hacer lo que esté en su mano para que se sigan necesitando armas en el futuro, y si son más, mejor, ya que esto le reportará un mayor beneficio y conseguirá el objetivo que el modelo capitalista neoliberal promueve hoy en día. La promoción de la demanda presente y futura suele ser un trabajo que las empresas abordan a través de la publicidad, entre otros aspectos de comunicación empresarial que no vienen al caso. Pero es también una práctica habitual y de sentido común, que un empresario utilice otros métodos para asegurarse el negocio futuro. En el caso de la industria armamentística, entre estos métodos puede encontrarse la colaboración en la generación de miedo, de amenazas a la seguridad que puedan ser creíbles y que justifiquen elevados presupuestos militares y aseguren la compra de armamento presente y futura. Un ejemplo de esta forma de incidir es el caso de la Fundación Olin, que dedicó durante décadas cientos de millones de dólares a promover la ideología neocón, con presupuesto de la industria militar. Más difícil de demostrar es que la industria armamentística promueva las guerras, intentando convencer a sus gobernantes de que ataquen uno u otro país. Sin poder acusar a nadie de hacerlo, debemos aceptar que esta posibilidad encaja en la lógica empresarial del modelo económico capitalista neoliberal. Además, sabemos que no són pocos los lobbys empresariales armamentísticos que trabajan por el bien del negocio de sus miembros.
En este marco es en el que encontramos que las razones económicas, y más concretamente aquellas relacionadas con los beneficios que esperan obtener productores y vendedores de armas, tienen su peso a la hora de que las guerras existan. Quienes se benefician del negocio de la guerra directamente son quienes conforman el complejo militar-industrial, donde siempre hemos identificado claramente que se dan cita empresarios, militares y políticos. Pero donde también encontramos a financieros, que consiguen su trozo del pastel del negocio de las armas y, por tanto, de las guerras, que es donde al fin y al cabo se usan de forma masiva las armas.
Las entidades financieras tienen principalmente cinco formas de ayudar mediante sus servicios a las empresas de armas. Una forma de gran importancia es la posesión de participaciones accionariales con el objetivo de convertirse en propietario, ya que de este modo se puede participar en las decisiones de la empresa de armas. Otra manera de ayudarlas se da mediante la concesión de créditos y préstamos, que sirven, entre otras cosas, para emprender nuevos proyectos armamentísticos. Un servicio también demandado por las empresas de armas a los bancos es la emisión de bonos y pagarés, para conseguir financiación de inversores particulares, o la emisión de acciones para realizar ampliaciones de capital. Ambas opciones suponen a menudo grandes inyecciones de capital en la empresa armamentística. Otra manera muy utilizada, sobre todo con las empresas de armas de mayor tamaño, es la incorporación de paquetes accionariales de industrias militares en fondos de inversión que los bancos ofrecen a sus clientes para que consigan una mayor rentabilidad por sus ahorros. Finalmente, es de gran relevancia la financiación de las exportaciones de armas, primero en cuanto a la gestión de la operación financiera a cambio de una comisión bancaria, segundo porque el banco avanza el dinero de la exportación a la industria militar cobrando elevados intereses, y tercero porque hay entidades financieras que ofrecen contratos de seguros de la exportación, por los que la empresa de armas cobraría la venta de armas, aun sin que pague el comprador, a cambio de pagar la cuota correspondiente al banco en cuestión. A las entidades financieras que ayudan a las empresas de armas mediante alguna de estas cinco formas, las denominamos "banca armada", porque la banca, también en el negocio armamentístico, siempre gana.
Son cada vez más las entidades que estudian las relaciones, con datos precisos, de los bancos y las empresas de armas, y que además hacen campaña. Un buen lugar donde encontrar una recopilación de información de inversiones en armas de más de 60 entidades financieras de todo el mundo es, donde se revela que al menos 45.000 millones de euros han sido dedicados por la banca al negocio de las armas. También se muestra que los grandes bancos del mundo son también los bancos más armados y que, si queremos ser consumidores responsables desde un punto de vista de cultura de paz, deberíamos dejar de ser clientes de la banca armada. Porque es con nuestro dinero, por poco que sea, con el que ayudan a las empresas de armas.
Las entidades financieras son corresponsables, del mismo modo que los demás actores del complejo militar-industrial, de la violencia armada y, por tanto, del medio millón de muertes que producen las armas cada año. Sin la ayuda de los bancos habría mucha menos armas en el mundo y, con toda seguridad, muchas menos muertes, mutilaciones y vidas destrozadas como consecuencia de la guerra.
Por eso es urgente abordar de una vez por todas, con contundencia y visión a largo de plazo, la ausencia de normas mundiales para el control del comercio de armas entre países.
China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia– tienen una importancia especial.
Estos cinco países son responsables de más de la mitad del comercio mundial de armas convencionales, cuyo valor total anual ronda los casi 100.000 millones de dólares. Su papel es fundamental para decidir si se alcanza o no un Tratado efectivo basado en el respeto de los derechos humanos.

En España, la adopción de un Tratado de armas cuenta con muchos apoyos. Esta iniciativa ha sido respaldada por todos los partidos en el reciente Debate del Estado de la Nación y otras iniciativas en el Congreso de los Diputados. Lo ha pedido públicamente tanto el Presidente Mariano Rajoy como el Ministro José Manuel García-Margallo. Además, 13 Parlamentos Autonómicos han adoptado declaraciones institucionales así como más de 90 ayuntamientos.

La buena noticia es que Del 18 al 28 de marzo se celebra en Nueva York  en la que puede adoptarse por fin un Tratado Internacional que ponga límites, controles y transparencia a este comercio que genera tanta muerte y tanta violencia. 
Necesitamos un Tratado sólido que prohíba expresamente a los gobiernos autorizar exportaciones de armas, munición, material de defensa o doble uso cuando exista un riesgo sustancial de que puedan utilizarse para cometer o facilitar violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, y que todo esto no quede en un intento como las farsas de muchos tratados como Quioto y otros tantos
 La vida de millones de personas está en juego y como siempre la de los más desamparados e inocentes

No hay comentarios:

Publicar un comentario